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Un homenaje a su majestad, Madonna

¿Existe alguna figura que logre el título de ícono musical de los ‘80 y ‘90? La respuesta es sí. Su nombre: Madonna.

Nadie discute que es la figura central de la pista. Quién podría dudar que la chica que cantaba “Like a virgen” y que tenía fuertes reminiscencias a Marylin Monroe -en “Material girl” el guiño es elocuente- es y será “la reina del pop”.

Emblema del mundo gay mundial y bandera representativa de una generación, Madonna merece mucho más que una nota para destacar sus éxitos, permanencia y trascendencia en la música mundial.

Los fans más acérrimos de la cantante italo-norteamericana recuerdan esa apariencia rebelde de sus primeros años artísticos. Con un cierto tufillo punk en su apariencia –algo de Blondie y Siouxsie & The Banshees había en ella- irrumpió en la escena como un huracán y no se detuvo. Unió a su estilo una irreverencia que venía en sus genes mediterráneos. El resultado explosivo lo vemos y disfrutamos hasta hoy.

Partió como baterista

Madonna Louise Veronica Ciccone nació en Bay City, Michigan, EE.UU.

Su padre era italiano y su madre franco-canadiense. Ella murió cuando Madonna era sólo una niña.

A la edad de 16 años, se mudó a Nueva York y allí le concedieron una beca para estudiar danza. Más tarde, se trasladó a París para actuar como corista, pero vuelve a Nueva York y se integra en un grupo de música llamado The Breakfast Club, en el que ella se hace cargo de la percusión.

En los años siguientes, lanza algunos temas pero ninguno tiene excesiva repercusión hasta que publica Holiday, que entró en el top 20 norteamericano. Ese año estrena su primer disco (Madonna. The First Album). La fama llega en el año 1984: es el momento en el que da a conocer su album Like a Virgin, que rápidamente se convierte en número uno en ventas.

A partir de ahí, suma y sigue, la carrera de Madonna se dispara con otros exitazos como Papa Don’t Preach o La Isla Bonita del LPTrue Blue.

Madonna ha sabido mantener su vigencia. Desde el punto de vista de la moda, impuso en los 80 moños, guantes de encaje, medias y minifaldas.

Feminista y rebelde, ha sido catalogada como “el rostro humano del cambio social” y un chiche de la posmodernidad. Su discurso ha desafiado el establishment por décadas y ella disfruta cada vez que logra comentarios negativos del aparato conservador.

El Estado Islámico incluyó su nombre como una “palabra prohibida”; incluso se la ha catalogado como un ícono cultural depravado, subversivo y un instrumento utilizado por Satanás.


Autor: C.E.H.
Fuente: The New York Times.